Este fin de semana sucedió algo inesperado.
Me invitaron a pasar el fin de semana en la casa de campo de una amiga.
Una amiga a la que hace mucho no veía.
En realidad llevábamos tanto tiempo sin vernos ni comunicarnos que yo dudaba que siguiéramos siendo amigas.
Dudaba de si ir o no ir, también invitó a un amigo que tenemos en común. Eso me hizo sentir mas tranquila. Llegada la hora, en el punto de encuentro se rajó el amigo al que también había invitado. Eso me puso más nerviosa. Su presencia de cierta manera me había reconfortado, pero ahora era demasiado tarde para cancelar mi asistencia.
No voy a mentir. Hice algo que no debería haber hecho. Tome dos pastillas mas de las prescritas por el psiquiatra para la ansiedad.
Después de una hora de una hora de camino estábamos ahí. Por el momento solo éramos la familia de ella y yo. Pero después de un rato empezó a llegar mas gente.
No sabia que habría mas gente. Empece a ponerme mas nerviosa. Habían llegado 5 chicos de mi edad. Yo no conocía a ninguno. Después de un rato llego otra familia en la que conocía a una de las hijas aunque no me llevo con ella. La conozco a través de otras amigas.
Admito que hice otra cosa que no debería haber hecho. Me tome dos vasos de tequila. Como ya había cenado, esa cantidad no fue suficiente como para que me intoxicara, aunque si fue suficiente para que me relajara, me dejara llevar por el momento y me entrara mucho sueño.
Esa fue la razón por la que nos dormimos apenas a media noche, cuando los demás invitados se quedaron jugando y bebiendo hasta las 4 am.
Al día siguiente, despertamos por un fuerte dolor de cabeza. Ámbas nos sentíamos mal. Ella tenía cólicos, yo tenía migraña por no haber dormido bien. Hace tiempo que no duermo bien, pero de eso ya les platicaré más adelante.
Después de pasar el fin de semana en compañía de esta amiga creo que no debí haber dudado de nuestra amistad. Sigue intacta. Como si nunca me hubiera ido. Ahora la valoro más que nunca.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario