Hace tres años comencé a ir con el psiquiatra. Aunque aquella primera vez no fue con un tratamiento constante, no me inspiraba confianza y como su consultorio estaba en un asilo psiquiátrico me daba miedo ir.
Después de esa experiencia me moví de ciudad, y no solo de ciudad. También cambie de país y continente. Sentía que si me alejaba del lugar que tantos problemas me estaba causando todo seria diferente. Quería empezar una nueva vida. Ser una nueva persona. Cambiar de nombre y empezar de nuevo.
Todo esto no fue suficiente. No lo pude lograr. Los fantasmas de mi pasado seguían tan presentes como antes si no es que peor. Empezaba a sentirme suicida. Vivía en el cuarto piso. Cada vez que. Me asoma a por la ventana contemplaba lo fácil que seria dejarme caer y terminar con todo. Un día estuve a punto de hacerlo. Este acto fue lo que me asusto y me llevo a consultar al segundo psiquiatra.
Al segundo psiquiatra lo conocí en España. Me inspiró mucha confianza, no sé si fue que estaba entrado en edad y tenía un brillo en sus ojos que me hacía confiar en él, total, él me mandó medicamentos y me refirió a una psicoterapeuta. No siento que las consultas que tuve con la terapeuta durante seis meses hayan sido de mucha ayuda, aunque tal vez no fue tiempo desperdiciado.
Deje a los doctores de España porque me llamaba de regreso mi patria, no había logrado empezar desde cero en España y me sentía muy sola. No sabía y sigo sin saber muy bien quien soy yo, así que por lo menos tome la decisión de regresarme a las comodidades de mi casa y mi país.
Después de esa experiencia me moví de ciudad, y no solo de ciudad. También cambie de país y continente. Sentía que si me alejaba del lugar que tantos problemas me estaba causando todo seria diferente. Quería empezar una nueva vida. Ser una nueva persona. Cambiar de nombre y empezar de nuevo.
Todo esto no fue suficiente. No lo pude lograr. Los fantasmas de mi pasado seguían tan presentes como antes si no es que peor. Empezaba a sentirme suicida. Vivía en el cuarto piso. Cada vez que. Me asoma a por la ventana contemplaba lo fácil que seria dejarme caer y terminar con todo. Un día estuve a punto de hacerlo. Este acto fue lo que me asusto y me llevo a consultar al segundo psiquiatra.
Al segundo psiquiatra lo conocí en España. Me inspiró mucha confianza, no sé si fue que estaba entrado en edad y tenía un brillo en sus ojos que me hacía confiar en él, total, él me mandó medicamentos y me refirió a una psicoterapeuta. No siento que las consultas que tuve con la terapeuta durante seis meses hayan sido de mucha ayuda, aunque tal vez no fue tiempo desperdiciado.
Deje a los doctores de España porque me llamaba de regreso mi patria, no había logrado empezar desde cero en España y me sentía muy sola. No sabía y sigo sin saber muy bien quien soy yo, así que por lo menos tome la decisión de regresarme a las comodidades de mi casa y mi país.

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